ISSN-e: 2745-1380

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Cuando el médico se vuelve paciente

Mi nombre es Óscar Darío Cañas, soy médico anestesiólogo y profesor universitario, y hoy quiero compartirles una historia cuyo único objetivo es tratar de generar un espacio de reflexión sobre lo que es el ser humano y la vida. Antes de iniciar quisiera recalcar 2 puntos que considero muy importantes:

En primer lugar, siempre que inicio clases con los estudiantes, les traigo una serie de ideas acerca de un gran filósofo, Karl Popper, quien afirma que la condición humana es incierta y que, dado a esto, los seres humanos podemos tomar decisiones que pueden estar equivocadas; lo que de alguna manera nos hace fuertes como sociedad es que estemos organizados de tal manera, que si en algún momento vemos que nuestras decisiones son erradas sea posible corregirlas y tomar otra decisión; en este sentido lo que nos hace fuertes es que tengamos la capacidad de avanzar aprendiendo de las decisiones tomadas previamente.

En segundo lugar, quiero compartir una experiencia humana propia, una experiencia que viví en estos últimos cuatro años de mi vida y que me enfrentó a situaciones de mucho aprendizaje y como es una historia sobre una experiencia humana el primer interrogante que podría surgir es definir ¿Qué es un ser humano?, aunque pueda ser una pregunta trascendente voy a utilizar la alegoría del carruaje utilizado por Platón en su diálogo de Fedro.

En esta alegoría del carruaje, como se puede observar (Grafica 1), el ser humano está compuesto primero por las emociones que está representado por los caballos, segundo por el cuerpo físico representado por la carroza, tercero la mente que da origen a nuestros pensamientos, que en la alegoría está identificada por el cochero y por último, el espíritu representado por el ser; pasemos a explicar brevemente cada una de ellos.

Primero iniciemos por las emociones y mencionaré que son necesarias e importantes para que el ser humano entienda qué está sucediendo en su entorno, no hay emociones buenas o malas, todas son necesarias y nos están mostrando qué está pasando a nuestro alrededor, ayudándonos a reconocer el terreno; ahora bien lo que hay que resaltar es que las emociones sí pueden comenzarse a salir de su objetivo, cuando el grado de emoción experimentado (sentimiento) supera la intensidad del evento externo que la origina, es decir, como si estuviéramos en una tenue lluvia y los caballos, que son las emociones, la interpretarán como que estamos en una fuerte tormenta y se desbocan.

Lo que se puede hacer con las emociones es tratar de reflexionar sobre ellas y expredsarlas adecuadamente, la palabra emoción deriva del latín “emotio” que significa moverse y como ustedes pueden ver para mover el carruaje necesitamos de los caballos (emociones), por muy buen cochero que tenga o por muy buen pasajero que lleve, si no se mueven, no vamos a avanzar y por este motivo las emociones, en el entendimiento de lo que es el ser humano, son fundamentales.

Existen siete emociones básicas (sorpresa, tristeza, desprecio, miedo, ira, alegría, asco), y  debemos aclarar que éstas son el software preinstalado con el cual venimos de fábrica, es decir, las emociones son genéticas, innatas, universales, incluso las compartimos en su mayoría con otros mamíferos. Nadie le enseña a un recién nacido a llorar cuando percibe que está en condición de vulnerabilidad (miedo), y es muy importante que en nuestro día a día tengamos un espacio para reflexionar y observar las emociones que hemos experimentado, para poder definirlas y sobre todo para identificar qué quieren indicarnos.

Observen ustedes que siguiendo con nuestra alegoría si los caballos o emociones se desbordan, pues van a llevar a su máxima intensidad a la carroza, que representa nuestro cuerpo físico con lo cual se pueden romper las llantas, o debilitar la madera que conforma la carroza, es decir, las emociones tienen impacto en nuestro cuerpo físico, si yo no reflexiono sobre las emociones, de alguna manera esos caballos me pueden conducir a cualquier camino, llevar a pozos profundos, caminos peligrosos, arrastrar con su alta intensidad a donde ellos quieren que lleguemos; de ahí la importancia de reflexionar acerca de nuestras emociones.

Una vez tengamos claras estas ideas sobre la función tan relevante de las emociones en el ser humano, vámonos entonces a entender qué función cumple el cochero; a diferencia de las emociones que como mencionábamos son innatas; el cochero lo vamos formando a lo largo de la vida y mediante nuestras creencias, educación y el contexto cultural en el cual nos formamos; esto origina nuestro ego, cuya función es generarnos una identidad propia, pero aquí también hay que aclarar que al igual que las emociones, el ego tampoco es bueno o malo, es necesario dentro de nuestro proceso de desarrollo y básicamente va a determinar la capacidad de pensar racionalmente a través de nuestros procesos intelectuales.

Observen cómo en la alegoría, el cochero tiene unas riendas que van unidas a los caballos y por eso de alguna manera el cochero puede orientar la dirección que van a tomar, es decir, ayuda a orientar las emociones, el cochero también es importante para evaluar el camino, la ruta.

El tercer elemento de nuestra alegoría, es la carroza que está representada por el cuerpo físico, en nuestro ejemplo debemos estar pendientes de cómo está la madera, de la vida útil de las llantas, los empeines; si lo llevamos al plano del ser humano esto nos lleva a preguntarnos cómo está nuestra nutrición, qué tanta actividad física realizamos; por supuesto debemos de cuidar la carroza porque sin un buen medio es difícil avanzar.

El cuarto y último elemento, está constituido por el viajero, al cual podemos definir como la verdadera esencia del ser humano, por medio de la presencia constante de la fuerza creadora en nuestro ser (el espíritu), mediante el desarrollo del amor, el viajero (espíritu) le puede indicar al cochero cuál es la mejor ruta, cómo puede orientar de la mejor manera los caballos que representan las emociones y cómo llevar un ritmo adecuado para que la carroza no vaya a sufrir.

La vida es el camino por el cual nos desplazamos con este carruaje y todos frecuentemente queremos que ese camino sea verde, que no tenga ninguna dificultad, que todo esté absolutamente claro, pero en ocasiones el camino puede ser un desierto y en ese momento los caballos (sentimientos) se ponen nerviosos al ver situaciones que los amenaza, el cochero (ego) a pesar de su extraordinaria racionalidad experimenta continuas dudas al ver lo difícil del camino y la carroza (cuerpo físico) se comienza a afectar por lo duro del terreno; cuando el camino se vuelve duro generalmente cada uno de estos elementos trata de ir por su lado y se fragmenta y a lo largo de los siglos el ser humano se ha interrogado sobre esta fragmentación, incluso ha hablado de los fallos inherentes a la condición humana. Los taoístas lo llaman desequilibrio, los budistas lo atribuyen a nuestra ignorancia, y en nuestra tradición judeocristiana al pecado original, en la escuela freudiana se afirma que la infelicidad es el resultado inevitable entre el choque entre nuestros impulsos naturales, es decir, los caballos tirando, por un lado (sentimientos) y las necesidades de la civilización, es decir nuestro ego, jalando del lado contrario; pero sufrimos cuando aislamos cada una de las partes que conforman el ser humano y sobre todo renunciamos al amor, ignorando y/o manejando inadecuadamente nuestras emociones, creyendo equivocadamente que nuestro pequeño y limitado ego cochero constituye toda nuestra naturaleza humana.

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Pasamos el camino de la vida sin reconocer el viajero que es nuestro carácter divino (espíritu) que se haya a un nivel mucho más profundo, ese viajero realmente es nuestra identidad verdadera y universal conectada con toda la creación, como refería el famoso filósofo estoico Epíteto: “Pobre eres cuando no reconoces que llevas a Dios en tu interior y que él es tu principal guía viajero.”

Mi experiencia humana como médico

Ahora entendiendo con claridad esta analogía quiero compartirles mi experiencia humana frente al cáncer como paciente médico y generar un espacio de reflexión como les mencione inicialmente.

Son diversos los estados emocionales que uno experimenta frente al cáncer, pero tal vez el más impactante es en el momento en que uno recibe el diagnóstico, de alguna manera en este momento las emociones se agitan sin ningún control, y el cáncer, en ocasiones, llega sin previo aviso como fue mi caso.

Todo inició el 25 de noviembre de 2019 un mes antes de la celebración de Navidad y 15 días antes de cumplir 55 años, ese día después de almorzar tuve un dolor abdominal que fue progresando en intensidad y luego se localizó en la región derecha del abdomen, estaba trabajando y llamé a un colega y amigo cirujano para que me valorara; el cuadro clínico era típico de apendicitis, por lo cual decidieron operarme. -Debo resaltar aquí que nunca en mi vida me habían operado, nunca había estado en un quirófano-.

Cinco años atrás del diagnóstico, al cumplir 50 años de edad, y producto de una reflexión, como médico, sobre cuál era mi compromiso frente a mi estado de salud había decidido comenzar a efectuarle un buen mantenimiento a la carroza (cuerpo físico). Comencé a trabajar fuertemente en hábitos saludables, no volví a ingerir carnes rojas, realizaba actividad física tres veces a la semana, había mejorado mis hábitos de nutrición y me sentía mucho mejor.

Al entrar a cirugía ese día 25 de noviembre de 2019 ciertamente encontraron algo de inflamación del apéndice, pero les llamó la atención algo de distensión del ciego, que es una parte del colon derecho cerca del apéndice, pero los cirujanos no observaron ningún tipo de masas, después de la cirugía me recomendaron tomarme una colonoscopia, pero dado que se acercaba diciembre me dijeron que esperara prudentemente entre cuatro y seis semanas que me recuperara de la apendicetomía. Yo me comencé a sentir muy intranquilo y una semana después de la cirugía me efectúaron una colonoscopia que mostraba una masa en la parte inicial del colon derecho, no era mayor a 3 cm, le tomaron su biopsia y la patología mostró que se trataba de un adenocarcinoma.

Una vez recibí este diagnóstico las emociones fueron muy intensas, mis sentimientos se desbordaron y en ese momento la emoción más fuerte que experimente fue de miedo, tenía miedo a morir, miedo a abandonar físicamente a mi esposa e hijos, también comencé a sentir un profundo estado de tristeza frente a la posibilidad de fallecer, todo esto me llevó a un estado de angustia total y los estados emocionales fuertes oscurecen el camino, no veía por ninguna parte al cochero (ego), ni mucho menos al viajero (espíritu); mis compañeros y colegas ante el diagnóstico decidieron operarme lo más rápidamente posible y el día 8 de diciembre estaba nuevamente en cirugía.

El Dr. Vallejo cirujano experimentado en este tipo de cáncer, puso su máximo empeño para erradicar totalmente la masa y una serie de ganglios linfáticos que estaban comprometidos –fueron cerca de seis horas de cirugía y obviamente, como les mencione, los estados emocionales alteran el cuerpo, estas emociones incontrolables me golpearon en mi estado físico y producto de estas, en las primeras horas de cirugía mi sistema intestinal se paralizó–, esta es una reacción frecuente que se presenta ante situaciones de estrés, lo cual hizo que vomitara de manera incontrolable, que se alteraran mi signos vitales, y que tuvieran que trasladarme a cuidado intensivo y de esta manera experimentar en mi propio cuerpo la situación que como médico que trabaja en cuidado intensivo yo veía con mis pacientes.

Mi esposa Linda siempre estuvo a mi lado y con 26 años de matrimonio me conocía, aquí debo resaltar algo muy importante, y es que ella viendo mi estado emocional me invitó a rezar el Rosario tres veces al día, siempre he sido un creyente, admirador y aprendiz de Jesucristo y puedo decir que iniciar la oración fue el inicio de poder revertir mi estado emocional de angustia y estrés, realmente funcionó.

Muchas personas, amigos y colegas querían visitarme para acompañarme en esos momentos difíciles, pero estaba en un estado emocional de tal magnitud, que únicamente desea estar con mi familia; así pues producto de estas oraciones en una noche tuve un diálogo con Dios muy personal, donde le pedía que me ayudara, que me entregaba a él y que si estaba en sus manos le solicitaba cuatro cosas:

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La primera un poco más de tiempo de vida, quería seguir compartiendo con mi esposa, poder seguir guiando el proceso de educación de mis hijos adolescentes. La segunda, me interrogué sobre qué disfrutaba más en mis actividades profesionales siendo yo un médico anestesiólogo y profesor, no dude en solicitarle que me permitiera seguir siendo profesor un poco más de tiempo, amo y respeto mucho a mis estudiantes y quiero seguir compartiendo y aprendiendo de ellos.

Mi tercera solicitud fue que pudiera seguir haciendo ejercicio, durante los últimos cinco años había sido muy constante y de alguna manera me atemorizaba quedar en un estado de convalecencia que no me permitiera seguir haciendo ejercicio o valerme por mi mismo. Y finalmente y tal vez la solicitud más importante que por fuerte que se viniera el camino del desierto no permitiera que mi corazón se apartará él.

De esta primera fase de alto impacto emocional ante un diagnóstico imprevisto quiero compartirles la importante ayuda que, científicamente está demostrado, tienen en estos momentos espirituales, ya sea rezar o meditar.

Estuve seis días en cuidado intensivo y seis días más hospitalizado, obviamente con las emociones mejor guiadas comenzó a aparecer el cochero, es decir el ego, representado en todo el sistema de creencias que se va incorporando a lo largo de la vida, quiero aquí mencionarles algunos de los aspectos más significativos de mi formación, que de alguna manera fueron determinando mi sistema de pensamientos.

Podría  mencionar que mis sistemas de pensamientos y logros se forjaron en un mundo académico altamente competitivo, muy basado en quién tenía la razón, en que lo único válido para la ciencia es lo que se puede medir y observar, también que uno debe tener un ego resistente, es decir un cochero invencible, que no se puede derrumbar o mostrar debilidad, y obviamente entrando en escena el cochero, comenzaron a aparecer preguntas guiadas, inicialmente, únicamente por la razón, básicamente me preguntaba por qué me sucedía esto a mí, también me preguntaba qué había hecho mal.

Con este cochero en el mes de enero comencé a enfrentar las primeras quimioterapias, creyendo que era fuerte e invencible, que tenía unas riendas fuertes para manejar las emociones y que podía superar todo, pero todavía tenía varias vivencias por aprender, ver cómo el cuerpo con la quimioterapia empieza a sufrir profundos cambios es un proceso realmente impactante,  comencé a experimentar una metamorfosis corporal total, baje cerca de 10 kg de peso, mis músculos comenzaron a debilitarse, el acto de peinarse comenzó a transformarse en una actividad impactante cuando observaba que la mitad del cabello se caía, en este proceso comencé a entender que ese pensamiento de que el cochero representado por el ego todo lo puede (invencible) es totalmente erróneo.

No era capaz de verme frente al espejo, era difícil reconocerme corporalmente, no quería que nadie me viera, pues la imagen que las personas tienen del paciente con cáncer es esa, alguien con una gran disminución de peso, que medicamente se llama caquéctico, y sin pelo, esto hizo que nuevamente mi sistema emotivo se desbordara, mis emociones iban sin rumbo, comencé a intensificar mis oraciones, y alguien me orientó que consultara con personas que habían vivido esta experiencia y en ese momento llegó a mis manos el libro “Hoy es siempre todavía” de Alejandro Gaviria, quien siendo Ministro de Salud también se enfrentó a un diagnostico de cáncer, en este libro él describe su experiencia frente a la enfermedad y un mensaje que me orientó bastante fue que hacer ejercicio a pesar de estar recibiendo quimioterapia ayuda de manera importante.

Antes del diagnostico del cáncer realizaba ejercicio 3 veces por semana, pero ya con menos 10 kg de peso y con sólo un 30% de mi masa muscular, tenía el interrogante de si podía realizarlo, decidí reasumirlo de una manera muy lenta y experimenté el beneficio del ejercicio en los pacientes que están recibiendo quimioterapia.

Teniendo unos caballos desbordados por las emociones y un cochero que no era tan fuerte como yo creía, decidí tratar de entender y buscar cuál es la función del viajero, entendiendo que lo primero que uno tiene que hacer para salir adelante es morir en el ego y renacer a través del viajero, el viajero es esa esencia divina que habita en cada uno de nosotros, la oración además de ayudarnos al manejo de las emociones, nos ayuda a conectarnos con esta esencia.

Hace seis meses termine la quimioterapia, en este momento no hay evidencia de presencia de tumor, pero conociendo la probabilidad de recaídas después de terminar la quimioterapia, los pacientes con cáncer nos enfrentamos a esta situación  y obviamente nos genera ansiedad, de aquí en adelante lo que resta es agradecer cada día la oportunidad de vivir, conectarme más con Dios, con el viajero, saber que de la vida tiene dos caminos paralelos uno es la vida y el otro es la muerte, pero que lo importante es centrarnos en el camino de la vida porque si en vida  estoy observando el camino de la muerte,  es como estar muerto en vida hay que vivir en eterna gratitud.

El cáncer no es un situación que toca únicamente al paciente, de alguna manera la familia también se ve sometida a una serie de emociones que no son fáciles, a mi esposa Carmen, infinitas gracias por su acompañamiento y fortaleza, producto de esta experiencia ella escribió un libro que tenía en mente hace tiempo, el cuento de verdad es de alguna manera una catarsis de sus vivencias familiares, también a mis hijos adolescentes Isabela y Juan Pablo, quienes han puesto todo su corazón y empeño en esta situación no fácil para ellos.

La sanación del cuerpo nos proporciona salud y energía vital, la conquista de la mente nos da comprensión y claridad; y la reconexión con el espíritu nos genera felicidad y plenitud.

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