ISSN-e: 2745-1380

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Reforma a la salud: Entre la autonomía médica y la autorregulación. El principal reto

Toda propuesta de cambio normativo se enmarca en el necesario análisis de su teleología, es decir, la consonancia entre su finalidad o propósito con el alcance de sus disposiciones. En el presente artículo pretendemos realizar unos apuntes en referencia a la propuesta de Reforma del actual Gobierno, en un tema tan importante para el talento humano en salud (THS), y tan vital –en el sentido literal del término- para la sociedad colombiana, como lo es la salud.

Una lectura detallada del proyecto de ley permite concluir, con claridad, que es un propósito del legislador empoderar a los profesionales de la salud, y garantizar que las decisiones que se tomen en relación con la salud de un paciente se materialicen sin pasar por autorizaciones o intermediarios, es decir sin trabas o instancias administrativas. Dicho propósito, que sin duda debe aplaudirse toda vez que la intermediación genera demoras y es causa del colapso de la administración de justicia por vía de las acciones de tutela, no escapa, sin embargo, a la ineludible realidad de que los recursos económicos, institucionales, y profesionales son escasos si se les compara con el volumen de demandas o requerimientos de atenciones en salud.

Dicho lo anterior, lo que pone de presente que la autonomía del THS no puede ser absoluta, que debe tener restricciones enmarcadas bajo el concepto de autorregulación que busca establecer límites razonables al uso de la tecnología, los procedimientos y los medicamentos; no solo para garantizar un uso eficiente de los recursos, sino también para evitar la corrupción.

En efecto, en el texto de reforma encontramos un capítulo denominado justamente AUTONOMÍA PROFESIONAL Y AUTORREGULACIÓN que comienza con la definición en el Artículo 132 del acto médico, en donde se establece que el médico actúa con ética, libertad, autonomía, responsabilidad, autorregulación y profesionalismo con el objeto de tratar y resolver los aspectos relacionados con la salud del paciente.

Lo anterior implica un reto importante, pero no insuperable, para el sistema y para el THS, el cual se centra en el necesario equilibro entre 2 principios que pueden, y que en línea de principio apuntan en sentidos contrarios, por un lado, la autonomía del profesional fundada exclusivamente en la beneficencia para el paciente, la medicina basada en la evidencia y el criterio técnico, y por otro, la autorregulación, que establecerá límites económicos, restricciones de costos en la utilización de medicamentos, procedimientos y tecnologías.

Una última anotación que queremos expresar en torno a este reto, resulta de la observación de que el proyecto consagra la conformación de varios organismos y comités, en concreto se encuentran, por un lado, las juntas médicas como un órgano colegiado que orientado por estos principios aporta y asesora en la solución de problemas y, por otro, el denominado comité de autorregulación, respecto del cual llama la atención la expresa referencia a la función asignada, enfocada a la prevención del error diagnóstico, toda vez que en este tema es pacífica la idea de que no constituye culpa cualquier error sino aquel que se encuentra fundado en la ausencia de intentos de salir de él, con lo cual creemos que la balanza siempre debe inclinarse a favor del paciente. La pregunta ahora es, ¿Cómo resolverá nuestro sistema este reto importante?, la conversación continua y el Gobierno Nacional en sus manos tiene que responder dicha premisa.

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