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Manejo del estrés para profesionales de la salud a través de ejercicios de respiración y relajación

La relación entre el manejo de la respiración y el estrés es un vínculo poderoso que ha sido reconocido por siglos en diversas tradiciones de bienestar y salud. La respiración, es un proceso vital y automático, también puede ser una herramienta consciente para influir en nuestro estado emocional y físico, especialmente en situaciones de estrés.

Cuando enfrentamos situaciones estresantes, ya sea una presentación importante, una situación conflictiva o una carga laboral abrumadora, nuestro cuerpo entra en un estado de activación conocido como la respuesta de «lucha o huida». En este estado, el sistema nervioso autónomo se acelera, aumentando la frecuencia cardíaca y la tensión muscular, mientras que la respiración tiende a volverse superficial y rápida. Este patrón respiratorio limitado puede perpetuar aún más la sensación de estrés y ansiedad, creando un ciclo que afecta negativamente nuestra salud mental y física.

Aquí es donde entra en juego el manejo consciente de la respiración. Al dirigir nuestra atención a la forma en que respiramos y practicar técnicas de respiración controlada, podemos influir directamente en nuestro estado emocional y fisiológico. La respiración profunda y consciente, como la respiración abdominal o diafragmática, activa el sistema nervioso parasimpático, que es responsable de promover la relajación y la calma. Al inhalar profundamente a través del diafragma y exhalar lentamente, enviamos señales al cerebro de que estamos seguros y en control, lo que contrarresta la activación del estrés.

Además, el acto de centrarse en la respiración desvía la atención de los pensamientos y preocupaciones que alimentan el estrés. Esto permite un respiro mental, permitiéndonos ganar perspectiva y reducir la reacción emocional impulsiva. A medida que nos sumergimos en la experiencia de la respiración, nuestras mentes se vuelven más presentes y conscientes, alejándose de los escenarios futuros o las preocupaciones pasadas que generan estrés.

La relación entre la respiración y el estrés también se refuerza con la incorporación de prácticas como el yoga, la meditación y el mindfulness. Estas disciplinas enseñan a integrar la respiración consciente con la atención plena, lo que potencia aún más los beneficios para la gestión del estrés. A lo largo del tiempo y la práctica constante, estas técnicas pueden remodelar nuestra respuesta automática al estrés, permitiéndonos enfrentar los desafíos de manera más tranquila y equilibrada.

La respiración consciente y controlada es un puente directo hacia la reducción del estrés. Al aprender a regular nuestra respiración, podemos influir en nuestro estado emocional y fisiológico, rompiendo el ciclo de la respuesta de «lucha o huida». Esta práctica no solo nos proporciona una herramienta valiosa en momentos de estrés, sino que también nos capacita para cultivar una mayor conexión entre mente y cuerpo, promoviendo un bienestar integral a lo largo del tiempo.

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La respiración profunda es una de las mejores maneras de reducir el estrés en el cuerpo. Aquellos factores que ocurren cuando está estresado, como un aumento de la frecuencia cardíaca, una respiración acelerada y una presión arterial alta, disminuyen a medida que respira profundamente para relajarse.

Algunas formas de trabajar con tu respiración son:

Respiración abdominal

1. La respiración abdominal es fácil de realizar y es muy relajante. Intenta este ejercicio básico en cualquier momento que necesites relajarte o aliviar el estrés.

2. Siéntate o acuéstate en una posición cómoda.

3. Coloca una mano sobre el abdomen justo debajo de las costillas y la otra mano sobre el pecho.

4. Respira hondo por la nariz y deja que el abdomen le empuje la mano. El pecho no debería moverse.

5. Exhala a través de los labios fruncidos como si estuvieses silbando. Siente cómo se hunde la mano sobre tu abdomen y utilízala para expulsar todo el aire hacia afuera.

6. Realiza este ejercicio de respiración entre 3 y 10 veces. Tómate tu tiempo con cada respiración.

7. Nota cómo se siente al final del ejercicio.

8. Una vez que hayas dominado la respiración abdominal, se recomienda que intentes uno de estos ejercicios de respiración más avanzados. Intenta los tres y revisa cuál te funciona mejor.

Respiración completa: El objeto de la respiración completa es desarrollar el uso completo de los pulmones y centrarse en el ritmo de tu respiración. Puedes hacerlo en cualquier posición. Pero, mientras aprendes, es mejor recostarse boca arriba con las rodillas flexionadas.

1. Coloca la mano izquierda sobre el abdomen y la mano derecha sobre el pecho. Observa cómo se mueven las manos al inhalar y exhalar.

2. Practica llenar la parte inferior de los pulmones respirando, de modo que la mano «del abdomen» (izquierda) suba cuando inhalas y la mano «del pecho» permanezca quieta. Siempre inhala por la nariz y exhala por la boca. Haz esto 8 a 10 veces.

3. Cuando hayas llenado y vaciado la parte inferior de los pulmones entre 8 y 10 veces, agrega el segundo paso a tu respiración: primero, inhala aire hacia la parte inferior de los pulmones como antes y, después, sigue inhalando aire hacia la parte superior del pecho. Respira lenta y regularmente. Mientras lo haces, la mano derecha se levantará y la mano izquierda bajará un poco a medida que el abdomen baja.

4. A medida que exhalas lentamente por la boca, haz un sonido leve y sibilante a medida que baja la mano izquierda, primero, y la mano derecha, después. Mientras exhalas, siente cómo la tensión deja el cuerpo a medida que se relaja cada vez más.

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5. Practica inhalar y exhalar de esta forma entre 3 y 5 minutos. Nota que el movimiento del abdomen y del pecho sube y baja como el balanceo de las olas. Nota cómo se siente al final del ejercicio.

6. Practica la respiración completa diariamente durante varias semanas hasta que puedas hacerla casi en cualquier lugar. Puedes utilizarla como una herramienta de relajación instantánea, en cualquier momento que lo necesites.

Advertencia: Algunas personas se marean las primeras veces que hacen respiración completa. Si comienzas a respirar demasiado rápido o a sentirte aturdido, desacelera la respiración. Levántate poco a poco.

Respiración matinal: Intenta realizar este ejercicio cuando te levantas por la mañana para aliviar la rigidez de los músculos y liberar las vías respiratorias obstruidas. Luego, utilízalo a lo largo del día para aliviar la tensión en la espalda.

1. En posición de pie, inclínate hacia adelante desde la cintura con las rodillas levemente flexionadas y permite que los brazos cuelguen cerca del suelo.

2. Mientras inhalas lenta y profundamente, regresa a la posición de pie enderezándose lentamente y levantando, por último, la cabeza.

3. Contén la respiración solo por unos pocos segundos en esta posición de pie.

4. Exhala lentamente a medida que regresa a la posición original, flexionándote hacia adelante desde la cintura. Nota cómo se siente al final del ejercicio.

Respiración 4-7-8: Es un ejercicio de respiración profunda que puede realizarse en cualquier momento y lugar, la técnica sigue este patrón de respiración lenta:

Paso 1 – Inspirar hasta la cuenta de 4

Paso 2 – Mantener la respiración hasta la cuenta de 7

Paso 3 – Exhalar hasta contar 8 (exhala completamente)

Intenta realizarlo en cuatro ciclos, dos veces al día. Practica la respiración a diario. A medida que progreses, el ciclo puede aumentarse a ocho veces seguidas (en lugar de cuatro).

Esta técnica de respiración no sólo es una de las habilidades más poderosas para hacer frente a la ansiedad, también ayuda a regular la respuesta del cuerpo al estrés y proporcionar beneficios adicionales. Estos son algunos de los principales beneficios que puede esperar del uso constante de la técnica de respiración 4 7 8:

  • Una sensación de calma inmediata, para cuando se sienta estresado.
  • Dormir mejor (más fácil de conciliar y mantener el sueño).
  • Mejora de la concentración (ya sea en casa, en el trabajo o en cualquier ambiente)
  • Disminuye los niveles de ansiedad.
  • Ayuda a disminuir la tensión muscular.
  • Mejora de la concentración.
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